Toshihiko Izutsu fue, quizá, el filósofo islámico más importante del siglo XX. No solo por su conocimiento del islam, sino por su capacidad para pensar desde el vasto horizonte civilizatorio, lingüístico, simbólico e intelectual que se formó históricamente bajo su irradiación. Esta precisión importa pues Izutsu no fue simplemente un «orientalista japonés», ni siquiera un comparatista de religiones. Fue, sobre todo, un pensador de los umbrales, alguien que supo escuchar, en lenguas y tradiciones distintas, una misma pregunta por la estructura profunda de la Realidad y por la posibilidad de que el ser humano vuelva a reconocerse como algo más que un sujeto histórico, psicológico o social.