J. R. R. Tolkien fue un hombre religioso y culto, con una vasta experiencia de la vida, que supo comprender la peligrosa carga que contiene el individualismo moderno. En su obra, el héroe no es alguien solitario, sino una comunidad que dota a la existencia de orden y sentido. Bajo esta perspectiva, El hobbit y El señor de los anillos se revelan como una crítica profunda a los fundamentos del mundo en que vivimos.
Toshihiko Izutsu fue, quizá, el filósofo islámico más importante del siglo XX. No solo por su conocimiento del islam, sino por su capacidad para pensar desde el vasto horizonte civilizatorio, lingüístico, simbólico e intelectual que se formó históricamente bajo su irradiación. Esta precisión importa pues Izutsu no fue simplemente un «orientalista japonés», ni siquiera un comparatista de religiones. Fue, sobre todo, un pensador de los umbrales, alguien que supo escuchar, en lenguas y tradiciones distintas, una misma pregunta por la estructura profunda de la Realidad y por la posibilidad de que el ser humano vuelva a reconocerse como algo más que un sujeto histórico, psicológico o social.