Explorando el embrujo del mundo intermedio: la imaginación como forma de conocimiento.
Mundus Imaginalis
La figura de la Sibila o Pitia fue considerada como una figura mediadora entre la energía divina y la condición humana. Su función era la búsqueda de un mensaje de anticipación sobre la propia vida, profundizando sobre la condición humana, y paradójicamente ofreciendo, con dicha información, la posibilidad de liberación de la angustia ante la incertidumbre. Se trataba de una figura oracular, inspirada en ocasiones por Apolo, que hablaba desde un saber de lo no evidente. Las Sibilas tenían su lugar en espacios inusuales. Sus profecías eran manifestadas siempre en lenguaje críptico y eran expresadas en hexámetros griegos que se transmitían por escrito. En la Grecia clásica, la Sibila encarnaba el arquetipo de la profetisa y la sacerdotisa, mujer de consulta y vehículo de revelaciones divinas. Por su enorme prestigio como augur, esta legendaria adivina fue reelaborada por el monoteísmo judeocristiano, asumiendo un papel en el cristianismo como transmisora de lo sagrado.
San Juan Evangelista tuvo la capacidad de mirar más allá del tiempo. Contempló la realidad desde una perspectiva que no pertenece al tiempo humano, sino a la eternidad de Dios. La iconografía cristiana lo representa con un águila: el ave que vuela más alto y cuya mirada alcanza un horizonte inaccesible. Desde esa altura contemplativa escribe el Evangelio y el Apocalipsis. El primero comienza antes de que exista el mundo; el segundo concluye cuando el tiempo ha dejado de existir.
Regresar hoy al Evangelio de san Juan es aproximarse a una forma distinta de mirar la vida. Así lo comprendió el Maestro Eckhart, místico y teólogo dominico alemán del siglo XIII, en su extraordinario Comentario al Evangelio de Juan, recientemente recuperado por la Editorial Cántico: el prólogo del cuarto Evangelio no remite únicamente al origen del mundo; habla también de una Palabra que sigue naciendo allí donde el ser humano se abre a Dios.
Las entidades daimónicas son figuras o fuerzas que habitan el espacio intermedio entre lo humano y lo divino, presentes en numerosas tradiciones espirituales, filosóficas y mitológicas. Lejos de identificarse necesariamente con demonios malignos, representan energías, impulsos, inspiraciones, personajes o inteligencias que influyen en la conciencia humana.
Este texto revela que la cuna de la Reforma del Carmelo en España estuvo profundamente ligada al humanismo italiano. A través de un enfoque interdisciplinar, se examina el impacto y la recepción histórica de la orden del Carmelo Reformado en Italia desde el siglo XV. Se reivindica el papel de figuras clave como Jerónimo Gracián y Battista Spagnoli en el arraigo de este puente cultural y espiritual. Asimismo, se conecta el legado místico de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz con filósofos contemporáneos como María Zambrano y Giorgio Agamben. El texto concluye que la mística carmelitana aporta una «razón del corazón» indispensable y sanadora frente al dominio actual de la razón técnica.
«¿Cuál es la diferencia fundamental entre arte y ciencia?», se preguntaba Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002) en su discurso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Separadas mucho después de su nacimiento, en la actualidad consideramos que ambas disciplinas son islas distanciadas por profundos océanos. Pero esto no es más que una ilusión impuesta por aquellos que gustosamente se deslizan por las superficies y son incapaces de percibir que, en lo profundo, la tierra siempre recoge en su regazo al agua.
Louis Cattiaux encarna el pez filosófico que nada en aguas profundas y nos pone en contacto con la Inspiración Universal. Su Voz y su Obra, visionaria, profética, alquímica, nos invita a desvelar, despertar y reconocer a la Presencia Divina en el cosmos y en nosotros mismos. Su Mensaje se dirige a la Inteligencia y la Memoria Profunda del ser humano y propicia el encuentro del ser particular con el Ser de todas las cosas. En su Corazón se puede hallar la Fuente y el Núcleo Vivo de todas las tradiciones religiosas. Cattiaux enseña la renovación y el reverdecer del Cuerpo, el Alma y el Espíritu a través del Fuego Sagrado, secreto y muy evidente. «¿Quién puede diferenciar el fuego del fuego? ¿Quién puede manifestar, encarnar el sol en la estrella de la mañana nacida de la tierra tenebrosa? (18′, I)»