La respiración es la compañera silenciosa de todo lo que vive. Se manifiesta como una inhalación que recoge la vida y una exhalación que la entrega al mundo. La respiración precede al sonido, y sin embargo es también su origen. Sin respiración no hay voz; sin voz, no hay palabra; sin palabra, no hay canto, ni poeta, ni filósofo. Si consideramos la respiración como energía, podemos entender la voz como respiración moldeada que se convierte en sonido a través de la vibración. Como señalan las antiguas Upanishads, «el prana es la vida de los seres; es aquello por lo que todo vive».En las tradiciones orientales, el mantra, como vibración que el ser humano canaliza durante la meditación, ayuda a aquietar la mente, cultivar la paz interior y abrir un vínculo con lo divino. En un claro del bosque, si uno se detiene, respira y simplemente está, puede escuchar mantras naturales: el aire meciendo las hojas y las ramas, el canto de los pájaros o el zumbido de las abejas.
Detenerse en el recoveco que parece invitar a un canto, allí donde mora el pájaro-palabra que construye a la vez su morada, siempre confiando en que ese-animal-humano-que-mira no es sino de una amistad compartida y ambos, parte del mismo fuego y poema, se incendian porque son lo mismo, se ven para-siempre-Simurg, lanzándose hacia ese viaje de acumulación nubes-lluvia donde nunca nada es en vano, hacia el futuro aurora.
Toshihiko Izutsu fue, quizá, el filósofo islámico más importante del siglo XX. No solo por su conocimiento del islam, sino por su capacidad para pensar desde el vasto horizonte civilizatorio, lingüístico, simbólico e intelectual que se formó históricamente bajo su irradiación. Esta precisión importa pues Izutsu no fue simplemente un «orientalista japonés», ni siquiera un comparatista de religiones. Fue, sobre todo, un pensador de los umbrales, alguien que supo escuchar, en lenguas y tradiciones distintas, una misma pregunta por la estructura profunda de la Realidad y por la posibilidad de que el ser humano vuelva a reconocerse como algo más que un sujeto histórico, psicológico o social.
Amar es consentir en la distancia. La filosofía de Simone Weil nos invita a sostener una mirada que no busca poseer, sino contemplar, en la espera, la belleza del mundo otro. Una aproximación a la ética de la atención como esa oración del alma que permite vislumbrar la grieta por donde se cuela la eternidad en forma de Amor: el instante de la gracia.
Se dice que la Geometría Sagrada es el lenguaje de Dios y lo cierto es que se ha comprobado que los patrones y formas, subyacentes a la creación, siguen proporciones matemáticas y se combinan con una armonía que sorprende por su perfección. El objetivo de esta ciencia es, pues, el estudio de dichos patrones para tratar de comprender el funcionamiento del universo.
Auguraban antiguas escrituras que en nuestros tiempos reinaría el caos y la confusión. Que el alejamiento de lo sagrado nos llevaría al olvido de quiénes somos y de lo que importa en realidad. Sin embargo, también contaban que, incluso en los momentos más convulsos, sería posible recordar. Pero, ¿cómo? Mediante la lente Food as Hierophany se propone contemplar la comida como lo hacían nuestros ancestros: como un espejo del cosmos, como una puerta a lo sagrado, una brújula hacia nuestro corazón. En esta ocasión, nos ayudará una película muy sabrosa llamada Chocolat.
Lo sagrado se manifiesta en lo profano como hierofanía, revelando lo invisible en lo visible; haciendo que lo mundano muestre algo distinto de sí mismo. Este texto indaga en este concepto propuesto por Mircea Eliade, en diálogo con la idea del ganz andere, lo «absolutamente otro», de Rudolf Otto.
Hay en Emily Dickinson la mirada de la trascendencia. En el destello del jardín, en la luz que se derrama sobre las flores, en el zumbido de la abeja, ha visto la poeta la grieta luminosa por la que se ofrece la presencia divina. Los poemas aquí seleccionados muestran parte de la belleza inacabable que pronunció, desde la intimidad de su hogar, esta blanca «reina reclusa». [Selección de Lucía Navarro Pla]
Una aproximación a la ontología del sonido, donde el latido primigenio se encuentra con la armonía del mundo. A través de las voces de Rilke, Zambrano o Mahler, se indaga en la música como esa «metafísica instantánea» que vincula nuestra finitud con el canto absoluto de lo divino.