¿Es necesario despojarnos de lo material para acariciar lo sagrado? ¿Vaciarnos de toda humedad para retornar a la sequedad de lo Eterno? El antro de las Náyades, bajo la visión de Porfirio, Blake y Raine, nos sugiere que la materia y lo celeste no solo coexisten, sino que se nutren mutuamente, alzando nuestra humana danza.