Sabemos, como lo sabe coloquialmente nuestro lenguaje, que decir «fénix» equivale a decir «resurrección». Pero el lenguaje, a veces, resulta una jaula y algunas aves, entre barrotes, fenecen. El lenguaje no es el lugar adecuado para esta ave; lo es la imagen. Y la imagen que nos la trae es siempre fulgurante, como un cometa o una revelación.