El escritor Juan José Millás señala que se dan dos maneras de instalarse en el mundo, una «a la espera del prodigio» y otra «frente a la pantalla doméstica, sin esperar ya nada en la vida»; paralizados por el miedo donde el tener es la autodefensa del temor que recorta libertad y empequeñece a la persona. Exiliados del mundo interior por una concepción positivista, que excluye órdenes de realidad y valor ajenos a lo mensurable.
Llamo amor a esta implicación de mi ser en el jardín opaco del mundo».
(Chantal Maillard)
I.
Coraje para sacudirse lo amenazante y no caer en el tedio, forma de deshabilitar la vida propia de una cultura miope, idólatra del yo, trivial, retorcida, ruidosa, mecanicista, virtual, desencantada, autocomplaciente, atravesada por la ambición y la usura – «solo existe el negocio» (León Felipe)-, neurótica en su afán de productividad y con una visión de la realidad racionalizadora, constreñida, donde se es insignificante rueda en la maquinaria universal privada de vida. Vendedora de sombras distrayendo, mientras todo arde en una forma estar calculadora, eficaz, esterilizada, antiética, antiestética e indecorosa, obstaculizando el desarrollo de la vida espiritual. Olvida la belleza de una «ética mínima y obstinada» expresada en esos «actos casi invisibles: una palabra justa, una renuncia oportuna, la fidelidad a una tarea modesta. El bien no necesita testigos; suele obrar en silencio, como los patios» (Jorge Luis Borges).
Qué lejos está esta concepción de aquella que concibe la realidad como «irradiación de la vida que emana de un fondo de misterio» (Zambrano); realidad oculta, escondida. Matriz de lo sagrado. En palabras de la filósofa española, se trata de orfandad en un contexto de crisis: desacralización, deshumanización, y cientifismo. En Persona y democracia: «suicidio de Occidente».
Exiliados del mundo interior por una concepción positivista, que excluye órdenes de realidad y valor ajenos a lo mensurable. Exclusión que conlleva una inversión de valores generando una triple ignorancia respecto a la naturaleza, los demás y uno mismo. Ante tal panorama, el osado viaje que acoge la voz de la disidencia. La de una cultura de la interioridad con los distintos lenguajes que el alma adopta al ser fecundada por el Silencio. De esa fertilidad, el arte de la Imaginación como ejercicio espiritual y, en él, la filosofía de Zambrano, Aurora, «vendaval de quietud», orden espiritual en la tierra por encarnación de formas arquetípicas que son el fundamento de la psique, «trozo de cosmos en el hombre».
Repetir el milagro de volver a crear el mundo alienta a la pensadora en 1930 en su obra Horizonte del liberalismo. Coraje para la conversión o itinerario vital que sacude el miedo a través del silencio; desierto donde uno se experimenta en medio de algo, pero no sabemos realmente de qué ni a dónde nos lleva. Difícil parar en tal espacio, pero se ha de aprender a estar aquí sin saber. Ignorar ayudará a desarrollar un carácter espiritual. Meditación vinculante con ese ámbito trascendente que no se comprende, pero envuelve. Antonio Pascual Pareja: «Nada cae completamente. El cielo detiene los astros; la tierra, las hojas. Un amor que no entendemos nos sostiene».
De esa fertilidad, el arte de la Imaginación como ejercicio espiritual y, en él, la filosofía de Zambrano, Aurora, «vendaval de quietud», orden espiritual en la tierra por encarnación de formas arquetípicas que son el fundamento de la psique, «trozo de cosmos en el hombre».
«Hemos despojado a todas las cosas de su misterio y carácter sobrenatural. Ya no hay nada sagrado» (Carl Gustav Jung). Pérdida de alma, de vida, y los síntomas: vacío, ansiedad, ausencia de sentido, pérdida de valores, depresión, adiciones…; señales que hacen saber lo que se anhela. El psicólogo y psiquiatra suizo señala que los dioses se han convertido en nuestras enfermedades. En un mundo bárbaro, que exilia y descuida la vida, esta se ve poblada de todo tipo de trastornos.
Eclipse de lo sagrado detrás de distracciones y urgencias en un ritmo frenético -la prisa sustituyendo al cuidado- que obstaculiza vivir y plantearse las cuestiones cruciales, vertiendo todo tipo de neurosis. La vida tiene un secreto, hilo, voz de fondo que, aun cuando no se escucha, guía. Persistimos atentos; despertar del letargo infernal del trampantojo del mundo y comprender que es necesario volver a hacer posible lo real, en palabras del filósofo italiano Giorgio Agamben. «Hay que escuchar el ruido del mundo, pero no para devolverlo tal cual, sino su poesía» (Juan Mayorga). Acoger la dimensión comunitaria de la poética sabiduría, que crece donándose a los otros, cobrando vida la expedición a la luz, al prodigio.
II.
La vida es un hechizo tan delicado que todo conspira para romperlo».
(Emily Dickinson a sus primas Louise y Frances Norcross)
«El lugar sagrado es un abrevadero. Un centro que reúne por la naturaleza de la energía de la que todos los miembros de una comunidad se abrevan. Un lugar que devuelve lo común, que vuelve a hacer comunitaria la energía disgregada».
(Chantal Maillard)
En un mundo atribulado, ladrón de engaños, no estaría nada mal contribuir a la dicha del mismo probando a ser poéticamente decentes. Entrar por la hendidura. El término crisis significa «una grieta que se abre» (Anne Carson). Por esa rendija, recuperar la consciencia natural de la que nos hemos separado, dejar de ser fieros individualistas en un bosque talado e iniciar un giro, un descenso -desidentificación- como adentramiento, haciendo nuestro el lema de Apuleyo: «Todos deberían saber que no se puede vivir de ninguna otra manera que cultivando el alma». Para presentirse y experimentarse vivo -cuidado de la interioridad- es preciso recuperar el centro perdido, nos dirá Ernst Jünger, y en ese proceso será clave un «saber de experiencia» que restituya a la vida. Cuando la pasión es el conocimiento «las cosas suceden dos veces: cuando se sufren y cuando se conocen. En la juntura entre sufrimiento y conocimiento, el saber de experiencia», dirá María zambrano. Tal saber es eje vertebrador en su filosofía de la piedad, donde el amor es «rendir el corazón, desgajarse». Arquetipo a seguir, la doncella de la apasionada ternura, la sabiduría por excelencia que enseña y cura; proceso virginal de vaciamiento que late debajo del saber, de la conciencia, y que «gime y delata, que denuncia y recuerda, y que ella misma es la que endulza, enjuaga, la que lava y consuela», como señala la pensadora andaluza, la que oye desde siempre «tu encendida palabra, iluminándola como una lámpara votiva» (Pablo García Baena). En María Zambrano, la Virgen preside el proceso interior, el proceso creador, y es fuente de la piedad de donde procede toda curativa dulzura. María como la «botica deliciosa». Los pintores góticos presentan una alfombra vegetal con plantas medicinales que la rodean.
La ausencia de piedad provoca una degradación de la naturaleza, una pérdida de la dignidad. El acto de piedad más sencillo es capaz de transformar toda actividad egoísta en un acto de creatividad sagrado y efectivo. Es una forma de amor que sabe tratar «con los distintos planos de realidad, al ser armonía, han de ser múltiples» y tiende «puentes sobre los abismos existenciales». Actitud de reverencia, devoción y respeto.
En María Zambrano, la Virgen preside el proceso interior, el proceso creador, y es fuente de la piedad de donde procede toda curativa dulzura. María como la «botica deliciosa». Los pintores góticos presentan una alfombra vegetal con plantas medicinales que la rodean.
Restituir al ser humano a lo sagrado, mundo «lleno de espíritus», de refulgencias. Carlos Marzal: «De tanto ver la luz hemos perdido la recta proporción de ese milagro… Conviene contemplar la luz con más paciencia…, brindarle una atención encandilada, el sumiso homenaje con que un bárbaro descubre, reverente en su aventura, la tierra que jamás ha visto nadie». Atentos a destellos, luminosidad en la vida material, que hablan directamente a la luz que nos habita posibilitando experiencias vitales de belleza, de algo que rompe y derrama por dentro. Todo ello supone reconocer un mundo con alma, una ontología de la imaginación, una vuelta a lo divino como toma de conciencia. Retorno a lo que toca en lo vivo, a lo prístino, originario, haciéndolo renacer. Ontología que hace inmanente lo trascendente por medio de la imaginación y cuyas huellas, como una corriente subterránea, aparecen en Proclo, Aristóteles, Avicena, Sohravardī, Ibn Arabi, Mullā Sadrā Shīrāzī, Ficino, Paracelso, Boehme.
Todo es figura e imagen, pues todo es susceptible de aparecer como metáfora de una realidad que trasciende. A lamentar este olvido en la metafísica. Imágenes y símbolos en la dialéctica de lo sagrado, en su juego de manifestación y ocultamiento. «Cuando algo sagrado se manifiesta a sí mismo -hierofanía-, al mismo tiempo algo se oculta a sí mismo, se convierte en críptico. Aquí está la dialéctica de lo sagrado; por el mero hecho de mostrarse, lo sagrado se oculta» (Mircea Eliade). Imágenes irradiadas por el fundamento primigenio inagotable y, en la oscuridad, «recobrar a tientas, humildemente, la forma eterna de las cosas» (Marguerite Yourcenar)… «Toda imagen es hija del delirio» (Zambrano). Transportados por el arrobo, la exaltación, el rapto en la embriaguez de los sentidos, en esa frontera de la revelación. Marsilio Ficino dirá que aquellos que crean son utilizados por Dios «a modo de trompetas para dejarse oír«. O, en Hildegard von Bingen, pues la inspiración caía sobre ella como gotas de lluvia sobre su alma; decía de sí que era portavoz de la «luz viviente». El poeta Pablo García Baena: «Sé que hablar, a estas alturas, de musa o de numen o de soplo solo puede acarrear risas, mas el poema nunca responde a la idea que tenemos cuando nos ponemos a trabajar sobre él, y tiene vida propia: alguien que no eres tú lo maneja». Sobre esto, recuerdo una cita de Emily Dickinson: «Los verdaderos poemas huyen». Y, en otras palabras, María Victoria Atencia: «La poesía se escribe a ciegas. Viene de lejos a través de muchas generaciones, pasa por ti y desemboca en otros. En ese camino hay que tener las manos abiertas y recoger lo más posible».