Todo jardín comienza en un muro. Con la separación, el hombre subraya su propia separación del mundo. Llama ufanamente “salvaje” a todo lo que está al otro lado de la raya. Hasta ayer, bastaban los muretes bajos de piedra seca para reclamar lindes y linajes y establecer un afuera. Muros de piedra seca que, al parecer, protegen las leyes patrimoniales, pero que, en estas latitudes, cualquiera puede cementar, truncar, hormigonar o añadir rejas y machones con redes espinosas. Esa es la memoria.