Detenerse en el recoveco que parece invitar a un canto, allí donde mora el pájaro-palabra que construye a la vez su morada, siempre confiando en que ese-animal-humano-que-mira no es sino de una amistad compartida y ambos, parte del mismo fuego y poema, se incendian porque son lo mismo, se ven para-siempre-Simurg, lanzándose hacia ese viaje de acumulación nubes-lluvia donde nunca nada es en vano, hacia el futuro aurora.