La figura de la Sibila o Pitia fue considerada como una figura mediadora entre la energía divina y la condición humana. Su función era la búsqueda de un mensaje de anticipación sobre la propia vida, profundizando sobre la condición humana, y paradójicamente ofreciendo, con dicha información, la posibilidad de liberación de la angustia ante la incertidumbre. Se trataba de una figura oracular, inspirada en ocasiones por Apolo, que hablaba desde un saber de lo no evidente. Las Sibilas tenían su lugar en espacios inusuales. Sus profecías eran manifestadas siempre en lenguaje críptico y eran expresadas en hexámetros griegos que se transmitían por escrito. En la Grecia clásica, la Sibila encarnaba el arquetipo de la profetisa y la sacerdotisa, mujer de consulta y vehículo de revelaciones divinas. Por su enorme prestigio como augur, esta legendaria adivina fue reelaborada por el monoteísmo judeocristiano, asumiendo un papel en el cristianismo como transmisora de lo sagrado.
Lo sagrado se manifiesta en lo profano como hierofanía, revelando lo invisible en lo visible; haciendo que lo mundano muestre algo distinto de sí mismo. Este texto indaga en este concepto propuesto por Mircea Eliade, en diálogo con la idea del ganz andere, lo «absolutamente otro», de Rudolf Otto.