Odiseo renuncia a la inmortalidad para cumplir el deseo irrefrenable de regresar a su patria con el propósito de poner fin a la nostalgia que le produce la separación de los suyos. En este contexto emerge el debate entre la vida y la muerte, presente a lo largo de toda la Odisea, que también nos muestra el contraste entre lo civilizado, que se constituye en torno al fuego del hogar, y lo incivilizado, que se manifiesta en los amenazantes retos que le acechan a lo largo de su periplo.
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