Amar es consentir en la distancia. La filosofía de Simone Weil nos invita a sostener una mirada que no busca poseer, sino contemplar, en la espera, la belleza del mundo otro. Una aproximación a la ética de la atención como esa oración del alma que permite vislumbrar la grieta por donde se cuela la eternidad en forma de Amor: el instante de la gracia.
La actualidad está regida por una dictadura de lo bello, que sigue unos cánones estéticos normativos, proporcionales y armoniosos, heredados de la larga tradición sobre la conceptualización de la belleza desde la Antigüedad. No siempre fue así. Sócrates es el mejor ejemplo.