El Ayurveda —la medicina tradicional india, de más de cinco mil años de antigüedad— contempla la salud como un estado de armonía con uno mismo, con la sociedad y el cosmos. Es, ante todo, un conocimiento tradicional y una manera de vivir: tiene su propia lógica interna, dentro de la cual podemos aprender a pensar y a disfrutar de la vida en todo su esplendor. La salud se convierte así en un aspecto dinámico y cambiante que depende de diversos factores: nuestros pensamientos; cómo nos relacionamos con nuestros sentidos; qué comemos (también cómo, cuándo y cuánto); nuestros hábitos de higiene y cuidado diario; nuestra propia constitución y las estaciones del año.
Las «Upanishads» son el súmmum, la culminación, el acmé de los Vedas, por lo que son el núcleo espiritual y textual del Advaita Vedanta, la Culminación de la Sabiduría A-Dual, de la Sabiduría Unitiva en la tradición hindú, que junto a los Brahma Sutras y el Bhagavad-Gītā, conforman el Prasthana Traya o el «triple fundamento» del Vedanta. Para este artículo nos centramos en las traducciones de Juan Mascaró Fornés (Santa Margalida, Mallorca, 1897 – Comberton, Cambridge, 1987), un peregrino extraordinario de las Sendas del Misterio. Traductor, escritor y profesor, poseía un conocimiento erudito y vivo de lenguas como el sánscrito o el pali, lo que le permitió traducir textos sagrados tan significativos como la antología de algunas de las Upanishads, el Dhammapada o la Bhagavad- Gītā. Con la voz de un sabio, de un poeta, Mascaró nos ofrece, en su traducción, el néctar vivo de la Sabiduría del Advaita Vedanta, lo que le valió, en 1938, el elogio nada negligible del gran poeta y sabio bengalí Gurudev Rabindranath Tagore, que afirmó lo siguiente: «Su traducción me da una gran alegría, pues posee ese lenguaje sumamente sensible que me acerca a la voz interior de nuestros sabios».