Hay viajes que nos llevan simplemente de un lugar a otro. Otros remueven algo más profundo y desestabilizan silenciosamente lo que creíamos entender sobre la realidad. Llegué a Calcuta (Kolkata en la actualidad) cargando el equipaje invisible de siempre: suposiciones sobre la pobreza y la felicidad, el sufrimiento y la fe, y sobre el tipo de persona que imaginaba ser. Para cuando dejé Bodhgaya, donde se dice que Buda alcanzó la iluminación bajo el árbol Bodhi, muchas de esas suposiciones ya se habían desmoronado.
Las aceitunas maduran cuando los días menguan y la luz se apaga. Su cosecha no empezará hasta que, tras un día de equilibrio perfecto, la noche le gane el pulso al día, y nos adentremos en la mitad más oscura del año. Es entonces, en plena añoranza de la luz, cuando los olivos nos la ofrecen a ramas llenas: poesía hecha fruto… o, mejor dicho, aceite, que ilumina tanto lo cotidiano como lo divino.
El Ayurveda —la medicina tradicional india, de más de cinco mil años de antigüedad— contempla la salud como un estado de armonía con uno mismo, con la sociedad y el cosmos. Es, ante todo, un conocimiento tradicional y una manera de vivir: tiene su propia lógica interna, dentro de la cual podemos aprender a pensar y a disfrutar de la vida en todo su esplendor. La salud se convierte así en un aspecto dinámico y cambiante que depende de diversos factores: nuestros pensamientos; cómo nos relacionamos con nuestros sentidos; qué comemos (también cómo, cuándo y cuánto); nuestros hábitos de higiene y cuidado diario; nuestra propia constitución y las estaciones del año.
Las «Upanishads» son el súmmum, la culminación, el acmé de los Vedas, por lo que son el núcleo espiritual y textual del Advaita Vedanta, la Culminación de la Sabiduría A-Dual, de la Sabiduría Unitiva en la tradición hindú, que junto a los Brahma Sutras y el Bhagavad-Gītā, conforman el Prasthana Traya o el «triple fundamento» del Vedanta. Para este artículo nos centramos en las traducciones de Juan Mascaró Fornés (Santa Margalida, Mallorca, 1897 – Comberton, Cambridge, 1987), un peregrino extraordinario de las Sendas del Misterio. Traductor, escritor y profesor, poseía un conocimiento erudito y vivo de lenguas como el sánscrito o el pali, lo que le permitió traducir textos sagrados tan significativos como la antología de algunas de las Upanishads, el Dhammapada o la Bhagavad- Gītā. Con la voz de un sabio, de un poeta, Mascaró nos ofrece, en su traducción, el néctar vivo de la Sabiduría del Advaita Vedanta, lo que le valió, en 1938, el elogio nada negligible del gran poeta y sabio bengalí Gurudev Rabindranath Tagore, que afirmó lo siguiente: «Su traducción me da una gran alegría, pues posee ese lenguaje sumamente sensible que me acerca a la voz interior de nuestros sabios».