J. R. R. Tolkien fue un hombre religioso y culto, con una vasta experiencia de la vida, que supo comprender la peligrosa carga que contiene el individualismo moderno. En su obra, el héroe no es alguien solitario, sino una comunidad que dota a la existencia de orden y sentido. Bajo esta perspectiva, El hobbit y El señor de los anillos se revelan como una crítica profunda a los fundamentos del mundo en que vivimos.