El vegetarianismo no nació como una cuestión de salud ni de sensibilidad hacia los animales. En la Antigüedad fue, ante todo, una forma de vida vinculada a la filosofía, la religión y la disciplina espiritual. En este sentido, Pitágoras fundó una comunidad de vida, como quería Platón: basada en una estricta ascesis y en doctrinas secretas y purificadoras y en una suerte de cenobios filosóficos. Ahí la comunidad pitagórica ponía en común sus bienes como una especie de gran familia al margen de la sociedad general, y entre sus reglas —algo muy interesante— había fuertes tabúes alimenticios que incluían la abstinencia de la carne.