Hay viajes que nos llevan simplemente de un lugar a otro. Otros remueven algo más profundo y desestabilizan silenciosamente lo que creíamos entender sobre la realidad. Llegué a Calcuta (Kolkata en la actualidad) cargando el equipaje invisible de siempre: suposiciones sobre la pobreza y la felicidad, el sufrimiento y la fe, y sobre el tipo de persona que imaginaba ser. Para cuando dejé Bodhgaya, donde se dice que Buda alcanzó la iluminación bajo el árbol Bodhi, muchas de esas suposiciones ya se habían desmoronado.
Las aceitunas maduran cuando los días menguan y la luz se apaga. Su cosecha no empezará hasta que, tras un día de equilibrio perfecto, la noche le gane el pulso al día, y nos adentremos en la mitad más oscura del año. Es entonces, en plena añoranza de la luz, cuando los olivos nos la ofrecen a ramas llenas: poesía hecha fruto… o, mejor dicho, aceite, que ilumina tanto lo cotidiano como lo divino.
Los textos apócrifos del primer cristianismo son un conjunto de textos que fueron considerados por la jerarquía eclesiástica como no inspirados por la divinidad. Aun así, circularon con cierta normalidad entre las primeras comunidades de cristianos. Formulaban y respondían preguntas sobre cuestiones importantes. Además, eran narraciones «provechosas para el alma».
Desde el mausoleo de Gala Placidia hasta San Vitale, pasando por el baptisterio Neroniano y las iglesias de Sant’Apollinare Nuovo o Sant’Apollinare in Classe, la visita a Ravenna es un viaje fluido y colorido desde los inicios del cristianismo en la Antigüedad Tardía hasta su afianzamiento apegado al poder imperial, en la Alta Edad Media.