María Zambrano nos legó una hermosa ofrenda: la razón poética es una razón de la esperanza. Una razón enraizada en las profundidades del desierto, que acoge el padecer de su ser en ruinas y que sostiene, mediada por el Amor, la promesa de una llama que alumbra en lo más hondo de la noche oscura: la llegada de la Aurora.
T.S. Eliot se preguntaba: ¿Dónde está la sabiduría, que se nos ha perdido en conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que se nos ha perdido en información? Sin duda, debe ser verdadero (en un cierto sentido) que los que saben no hablan y que los que hablan no saben. Y también (en otro) que de lo que no se puede hablar (el misterio) más vale guardar silencio. En cualquier caso, considero que casi tan hermosas como el silencio son las palabras que nos hablan de algo bello… La poesía, esa sensibilidad especial -como bien se ha dicho- para la percepción de la vida, es la que mejor puede sugerir aquello que conmueve en lo más hondo.
¿Cómo se vive después de haber visto a Dios? A partir del éxtasis de Santa Teresa de Ávila, y en diálogo con Margarita Porete, María Zambrano y Matilde de Magdeburgo, una aproximación a la travesía interior del alma herida de Dios: la que descubre que hacer de la vida una ofrenda es el amor más alto.