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Dios
Las aceitunas maduran cuando los días menguan y la luz se apaga. Su cosecha no empezará hasta que, tras un día de equilibrio perfecto, la noche le gane el pulso al día, y nos adentremos en la mitad más oscura del año. Es entonces, en plena añoranza de la luz, cuando los olivos nos la ofrecen a ramas llenas: poesía hecha fruto… o, mejor dicho, aceite, que ilumina tanto lo cotidiano como lo divino.
De un gran mal a veces sale un gran bien y de un error, una gran verdad, como sucedió en el caso que queremos presentar. Nos referimos al error en la datación de los textos atribuidos a Hermes Trismegisto que finalmente se convirtió en un luminoso episodio de la historia occidental. Por eso, intentaremos mantenernos en el error y comprender su causa, pues, si bien la falta ha sido corregida, ha perdurado lo que quería dar a entender y que ha sido un motor básico del mundo moderno occidental.
San Juan Evangelista tuvo la capacidad de mirar más allá del tiempo. Contempló la realidad desde una perspectiva que no pertenece al tiempo humano, sino a la eternidad de Dios. La iconografía cristiana lo representa con un águila: el ave que vuela más alto y cuya mirada alcanza un horizonte inaccesible. Desde esa altura contemplativa escribe el Evangelio y el Apocalipsis. El primero comienza antes de que exista el mundo; el segundo concluye cuando el tiempo ha dejado de existir.
Regresar hoy al Evangelio de san Juan es aproximarse a una forma distinta de mirar la vida. Así lo comprendió el Maestro Eckhart, místico y teólogo dominico alemán del siglo XIII, en su extraordinario Comentario al Evangelio de Juan, recientemente recuperado por la Editorial Cántico: el prólogo del cuarto Evangelio no remite únicamente al origen del mundo; habla también de una Palabra que sigue naciendo allí donde el ser humano se abre a Dios.
El Cantar de los cantares y el Cántico espiritual llevan siglos mostrando la ventura de la poesía cuando, aun en su misma imposibilidad, ha tratado de decir el amor. Amor humano o amor divino, las liras aquí recogidas muestran cómo la poesía sigue siendo la mejor aliada: veladora infinita de un amor que nos desborda.