La metáfora del viaje es un referente en todas las tradiciones místicas para referirse al proceso de perfeccionamiento del alma hasta llegar a la morada del Otro que se revela como el Paraíso original, la patria perdida y reganada. El castillo que se vuelve a conquistar tras el largo y penoso tiempo del exilio. Una puerta se abre para dar paso a la extranjera, envuelta ahora en sus vestiduras luminosas. Sus sandalias conservan aún la arena del desierto.