Las «Upanishads» son el súmmum, la culminación, el acmé de los Vedas, por lo que son el núcleo espiritual y textual del Advaita Vedanta, la Culminación de la Sabiduría A-Dual, de la Sabiduría Unitiva en la tradición hindú, que junto a los Brahma Sutras y el Bhagavad-Gītā, conforman el Prasthana Traya o el «triple fundamento» del Vedanta. Para este artículo nos centramos en las traducciones de Juan Mascaró Fornés (Santa Margalida, Mallorca, 1897 – Comberton, Cambridge, 1987), un peregrino extraordinario de las Sendas del Misterio. Traductor, escritor y profesor, poseía un conocimiento erudito y vivo de lenguas como el sánscrito o el pali, lo que le permitió traducir textos sagrados tan significativos como la antología de algunas de las Upanishads, el Dhammapada o la Bhagavad- Gītā. Con la voz de un sabio, de un poeta, Mascaró nos ofrece, en su traducción, el néctar vivo de la Sabiduría del Advaita Vedanta, lo que le valió, en 1938, el elogio nada negligible del gran poeta y sabio bengalí Gurudev Rabindranath Tagore, que afirmó lo siguiente: «Su traducción me da una gran alegría, pues posee ese lenguaje sumamente sensible que me acerca a la voz interior de nuestros sabios».
Al Cor i a la Mirada Clara de Joan Mascaró
«Allí, en los árboles, la carpa abre su boca inmensa y ríe».
Anónimo
«Todos se preguntan: “¿A qué religión pertenece Lalon en este mundo?”.
Lalon responde: “¿Qué aspecto tiene la religión?
Nunca he visto su verdadera naturaleza”.
Algunos usan cuentas como collar (rosarios hindúes),
otros cuentan cuentas como Tasbih (rosarios musulmanes),
y por eso la gente dice
que pertenecen a una religión diferente.
Pero, ¿llevas el signo de tu religión
al venir o al partir de este mundo?».
Lalon Shah
«Nadie fue ayer,
ni va hoy,
ni irá mañana
hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol…
y un camino virgen
Dios».León Felipe
I. Preludio de los Destellos
Un niño habla con la muerte. Sin temor, se sienta a la orilla, divisa las olas y un rayo de sol acaricia sus mejillas. ¿De dónde procede su sueño antiguo, su fatiga y su dicha, su anhelo y su consumación? Ser humano parece ser una herida antigua. El niño, guiado por sus padres, alejado del extravío antiguo de los hombres, camina en una playa inmensa, con una herida de luz vertida sobre el océano; hunde sus manos en la arena. En ese segundo océano de fina llovizna de tierra, emerge un destello plateado, que estalla como una procesión de ángeles en el Corazón del pequeño buscador, que descubre y halla, maravillado, un cáliz plateado, reluciente, como si alguien hubiera fundido una lágrima de Dios, y la hubiera dejado allí, olvidadizo, a propósito, para que un niño errante lo encuentre, sangre viva, nueva inocencia y cultivo de lo ingenuo, y sueñe, cada vez más alto, y cada vez más profundo.
Sus padres, atónitos, desconocían la existencia de ese cáliz. ¿Qué ángel o que brisa lo ha puesto allí, como una reliquia olvidada, para el buscador? ¿Porqué? ¿Cómo? ¿Quién?

Escultura de Shiva y Pārvatī, decorada con pigmentos rituales por los devotos, una de las parejas divinas fundamentales del hinduismo, que en el shivaísmo A-dual y el Advaita Vedanta encarnan la dimensión manifiesta, la Energía Creadora (Prakriti) y la Conciencia Pura y no manifiesta (Purusha) de lo Divino. Fotografía realizada por Thibault Arthur Tien, Nepal.
II. ¿Quién soy?
Nos dice Christian Bobin que los niños, los ángeles y los perros son los amigos de los santos y de los sabios. ¡Quizás así sea! Ellos conocen, saborean y recuerdan el hilo de plata que les conduce al Sol Bienamado. En la tradición hindú, el Sanātana Dharma, la Ley o la Doctrina Perenne del Ser de la Realidad, las Upanishads son sin duda una semilla dorada dispuesta a florecer en las manos de todo Corazón atento. Antes de cualquier consideración histórica o teórica, quememos con el fuego de la absorción meditativa todos los conceptos, palabras y nociones que pueda albergar nuestro ser, para que nuestro Centro sea verdadera Visión. Palpemos este instante con los pulgares del Espíritu. Abolidos temporalmente los sentidos, trascendidos, ensanchados, purificados, puede revelarse el Sentido. Propongamos un ejercicio contemplativo en forma de cuestionamiento y auto-indagación siguiendo el sendero de las enseñanzas upanishádicas:
«¿Quién soy?»
(Aitareya Upanishad, I,3, II)
¿Quién soy «yo»? ¿Quiénes somos? Cuándo nos contemplamos en el espejo del Corazón, cuando miramos a los ojos de otro ser vivo, o abrimos el centro vivo de una flor, como un maṇḍala, o en el instante preciso en el que un gato asustadizo y febril nos mira, furtivamente, escondido en un mundo hostil, debajo de un coche, entre la cloaca y el acero, podemos preguntarnos: ¿Acaso alguna vez hemos intentado abrazar y ver en su pupila, en ese punto de eclosión, en ese eje de manifestación, en ese Centro Vivo del Cosmos y de Dios, el Fundamento de toda vida, el Ser de todos los seres, ¿la Vida de toda vida? Los perros que erran en una ciudad polvorienta, los marginales, los olvidados, las manos tendidas en un desierto exterior, en este mundo de óxido y hueso… y también en las profundidades del Boscaje Vivo de los Orígenes. Esta sencilla enseñanza es, quizás, la esencia vibrante de las Upanishads, que nos muestran el camino a la Unidad del Espíritu y de todas sus manifestaciones, de todo cuanto existe. La Divina Luz increada y sin forma atraviesa las vidrieras de una catedral o el ramaje de un templo silvestre, de una catedral de roble; la Luz Originaria de Dios cobra forma en todas sus declinaciones sensibles, en todas las formas vivas, dotando y adquiriendo forma a través de la gramática de la Creación, en la «inmensa Biblioteca del Verbo Encarnado», como diría Louis Cattiaux en su Mensaje Reencontrado. En sucesivas emanaciones, o en súbita deflagración, los flujos y borbotones de lo Divino, la Realidad cobra vida y se manifiesta.
«¿Quién soy?»
A esta pregunta, el Sabio responde: TAT TVAM ASI, «Tú eres Eso», Brahman, la Fuente de toda vida, la Vida de toda vida.
III. Unidad
En resonancia con los escritos platónicos, las enseñanzas upanishádicas tienen una forma dialogada, que reflejan su origen oral y su florecimiento mediante la relación entre el maestro y el discípulo, religados en el Espíritu. Críticas —a la vez que complementarias e integradoras, como una continuación viva— con la religión sacrificial de los Vedas, las Upanishads suponen un movimiento de interiorización y espiritualización de lo Sagrado a través de la intuición mística, la poesía y la palabra filosófica. Los antiguos dioses védicos aparecen destilados y sintetizados en su Origen Común, Brahman, y en su reconocimiento e identificación con el Sí mismo individual, la manifestación del Absoluto como principio de individuación, el Ātman, chispa de lo Divino en todas las criaturas y fenómenos vivos. La sabiduría de estos diálogos sublimes constituye una sabiduría de la escucha radical, un canto Unitivo de reconocimiento de Dios en todo lo que existe. Al recorrer la Bhagavad-Gītā, el Canto del Bienamado, recordamos el canto del alfarero hindú, que precisamente es una enseñanza upanishádica: «Oh Corazón mío, sé como el eje de la Tierra, que se mueve, pero no varía». Como en las fábulas taoístas y budistas, el artesano o la persona simple es, con frecuencia, un maestro o maestra camuflada, y, su arte, el Arte de Ver y Reconocer la propia Naturaleza Esencial. El Corazón es el Ātman, la chispa divina, el fuego luminoso de nuestra alma individual, y el eje de la Tierra, la Fuente de Todo, Brahman, el Ser de todos los seres, es decir, Dios, una expresión del Fuego Primigenio. Alineados, reconocidos, entrelazados, conforman la Gran Sinfonía de la Realidad, la harmonía entre el microcosmos y el macrocosmos. Cuando hay harmonización y reconocimiento, nos dicen los Sabios de las Upanishads, entonces se manifiesta la Melodía del Ser.
En este sentido, las Upanishads son el súmmum, la culminación, el acmé de los Vedas, por lo que son el núcleo espiritual y textual del Advaita Vedanta, la Culminación de la Sabiduría A-Dual, de la Sabiduría Unitiva en la tradición hindú, que junto a los Brahma Sutras y el Bhagavad-Gītā, conforman el Prasthana Traya o el «triple fundamento» del Vedanta. Escribe Swami Satyananda Saraswati:
«Las Upanishads son la fuente textual primordial para conocer la profunda metafísica del hinduismo; son su corazón y esencia mismos. En ellas encontramos diferentes intuiciones sublimes sobre la Realidad Suprema. Las Upanishads siempre manifiestan que esta Realidad no es otra cosa que la propia esencia del ser humano. La tradición védica contiene diferentes niveles de enseñanzas para satisfacer las diversas necesidades de las tipologías de búsqueda… En este contexto se pueden dividir los Vedas en tres secciones según el énfasis y el enfoque de su contenido. El karma kanda, que trata de los rituales y se dirige a aquellos individuos que buscan beneficios en un ámbito mundano o relativo, ya que los Vedas no obvian este aspecto de la experiencia humana; el upasana kanda, integrado en su mayor parte por contemplaciones y meditaciones; y, finalmente el jñana kanda, que expone el conocimiento sutil del atman-Brahman, el conocimiento del Absoluto, del ser de todo, de la Realidad Suprema. El jñana kanda es la parte de los Vedas integrada por las Upanishads. Como ya se ha dicho, se las denomina también Vedanta o el final (anta) de los Vedas».

Asceta visitado por una yoginī, Bijapur, principios del Siglo XVII, Museum fur Islamische Kunst, Berlín./Bartolomé Bermejo (Córdoba, hacia 1440 – 1498/1500), San Juan Bautista, hacia 1470.
Pero antes de ser texto, la Palabra fue Himno, Canto, Sonido, Vibración. Fue OM ॐ, la Sílaba Sagrada que todo lo inunda de la dicha paradójica de lo Divino. El asceta hindú se cruza con San Juan Bautista, y de ese curioso encuentro, improbable y evidente, nace una risa florida y terrible, que es la música y el discurrir común de todos los videntes.
IV. Plenitud
Juan Mascaró Fornés (Santa Margalida, Mallorca, 1897 – Comberton, Cambridge, 1987) fue un peregrino extraordinario de las Sendas del Misterio. Traductor, escritor y profesor, poseía un conocimiento erudito y vivo de lenguas como el sánscrito o el pali, ofreciéndonos traducciones de referencia de textos sagrados tan significativos como la antología de algunas de las Upanishads más importantes que nos ocupan como del Dhammapada o la Bhagavad- Gītā. Con la voz de un sabio, de un poeta, Mascaró nos ofrece, en su traducción de algunas de las principales Upanishads, el néctar vivo de la Sabiduría del Advaita Vedanta, lo que le valió, en 1938, el elogio nada negligible del gran poeta y sabio bengalí Gurudev Rabindranath Tagore, que afirmó lo siguiente: «Su traducción me da una gran alegría, pues posee ese lenguaje sumamente sensible que me acerca a la voz interior de nuestros sabios». Al que dedicó, junto a su profesora y benefactora Millicent Mackenzie, la edición revisada: «Al Espíritu de Rabindranath Tagore (1861-1941)». Y así recordamos, quizás, la Religión Primera y Última del ser humano; el canto, la alabanza y la visión de la Unidad. Mascaró también fue maestro de sánscrito del gran filósofo, místico y teólogo indo-catalán Raimon Panikkar —que tras la vivencia prolongada de la espiritualidad hindú nos regalaría su monumental «La Experiencia Védica», The Vedic Experience: Mantramaňjarī (An Anthology of the Vedas for Modern Man and Contemporary Celebration), publicada originariamente en 1977, que aún hoy es estudiado, incluso en la India. También inspiró a almas sensibles como George Harrison a escribir la canción The Inner Light, al que recomendó hacer una canción sobre el Tao. Harrison musicó el capítulo 47 del Libro del Tao, con influencia de la música india, cuyo contenido concuerda perfectamente con las enseñanzas del Advaida Vedanta. El músico británico dedicó con afecto el tema al erudito mallorquín, lo que nos muestra el eco amplio y diverso que tuvo la voz única y universal de Mascaró.
Una de sus grandes obras, en la línea de The Perennial Philosophy (1947) de Aldous Huxley —con el cual floreció una admiración mutua por su espíritu universalista y su visión común de la unidad trascendente de las tradiciones religiosas de la humanidad—, es Lamps of Fire. The Spirit of Religions (1961), obra antológica que alberga y reúne algunas de las voces más bellas y vibrantes de los grandes santos, sabios y místicos de todos los tiempos y de la gran comunidad del Espíritu. Como nos recuerda Panikkar y afirmó el «príncipe de los advaitines», Ādi Śaṅkarācārya: «El ser humano está en peregrinación hacia su propio Ātman», hacia su propia esencia. En el siglo XX, el eco de la sabiduría A-Dual prevaleció en las enseñanzas de Ramana Maharshi: «Aquello que nos impulsa a realizar el peregrinaje es el destino del peregrinaje», o como escribió el mismo Mascaró para su epitafio: «Venimos de Dios, vivimos en Dios y vamos a Dios». El ser humano es el tao en movimiento hacia el Tao. Resumiendo su propia visión de las Upanishads en la introducción escrita en el verano de 1964, Mascaró escribe con arrebato:

El joven Joan Mascaró durante su estancia en Ceylán. Archivo Joan Mascaró.
«Entre los textos sagrados del pasado, los Upanishads verdaderamente pueden ser considerados los Himalayas del Alma. Sus apasionadas expediciones de descubrimiento en busca de ese sol del Espíritu que habita en nosotros, y del que obtenemos la luz de nuestra conciencia y el fuego de nuestra vida; la grandeza de sus preguntas y la sublime simplicidad de sus respuestas; el fulgor de su dicha cuando la revelación del Supremo alcanza sus almas y uno de sus poetas declara “La luz del sol es mi luz”; sus paradojas y contradicciones, en las que encontramos una verdad viviente; sus historias simples donde, en el lenguaje de un niño, se explican las más grandes verdades metafísicas con ejemplos concretos; sus destellos de visión que nos revelan la grandeza infinita de nuestro mundo interior; su gran variedad y, sin embargo, absoluta unidad en la sobrecogedora concepción de Brahman; su ardiente y exultante fe en el alma del hombre, que es una con el Alma del universo; su tolerancia hacia los Vedas, pero su interpretación espiritual y, por tanto, simbólica del rito externo, mostrando así el verdadero camino de elevación espiritual a todos los hombres […] sus imágenes sencillas que encontramos de nuevo en santos y poetas de otras épocas, los cuales nunca supieron de los Upanishads, y que por tanto nos confirman la unicidad de toda visión y vida espiritual; el esplendor de su imaginación romántica, que hermana espiritualmente a sus creadores con los creadores de belleza de todos los tiempos, y que nos muestra cómo hacer de nuestra vida una obra de belleza: todos ellos son como trompetas pregonando la gloria de la luz y del amor y, por encima de la oscuridad de dudas y muerte, proclamando la victoria de la vida».
Con estas emotivas palabras llenas de sabiduría y serenidad apasionada, Mascaró nos invita a adentrarnos en algunas de las manifestaciones más bellas del Espíritu de todos los tiempos. Y dinos, maestro: ¿divisaste la otra orilla en esta, más allá y más acá del Valle de la Sombras, en la Luz Intangible hecha Sol Corporificado? ¿Fuiste y eres llama trémula en las manos de Dios? ¿Fue la Voz sin Nombre y con todos los Nombres la que te guio a ti y a tu hijo en el campo sin senderos hacia la Fuente Viva? El Sabio y el Niño, siempre indisociables. Que nos sea dado tener la misma Luz que a ti te fue dada, y en la hora crepuscular de nuestros días, divisar el mismo Resplandor que guio tus pasos.
«Eso es Plenitud, aquello es Plenitud.
De la Plenitud proviene la Plenitud.
Cuando a la Plenitud se le sustrae la Plenitud,
permanece la Plenitud».
(Brhadaranyaka-Upanishad V, I)
…Rosario Intangible, Rosario de Rocío, Rosario de Aurora, Rosario de Océano y de Viento en el Seno Vivo que todo lo Alberga.
OM SHANTI, SHANTI, SHANTI.