Autor
Laura Escalante
Laura Escalante
Cursa estudios de Historia del Arte y se ha formado en edición y corrección editorial (UOC). Ha profundizado en literatura y pensamiento a través de cursos sobre Ramón Llull (UNED) y Federico García Lorca (Universidad de Granada). Sus poemas han aparecido en revistas y antologías, tanto en España como en el extranjero. Actualmente trabaja como librera, donde se encarga de las secciones de Filosofía, Pensamiento y Poesía.
San Juan Evangelista tuvo la capacidad de mirar más allá del tiempo. Contempló la realidad desde una perspectiva que no pertenece al tiempo humano, sino a la eternidad de Dios. La iconografía cristiana lo representa con un águila: el ave que vuela más alto y cuya mirada alcanza un horizonte inaccesible. Desde esa altura contemplativa escribe el Evangelio y el Apocalipsis. El primero comienza antes de que exista el mundo; el segundo concluye cuando el tiempo ha dejado de existir.
Regresar hoy al Evangelio de san Juan es aproximarse a una forma distinta de mirar la vida. Así lo comprendió el Maestro Eckhart, místico y teólogo dominico alemán del siglo XIII, en su extraordinario Comentario al Evangelio de Juan, recientemente recuperado por la Editorial Cántico: el prólogo del cuarto Evangelio no remite únicamente al origen del mundo; habla también de una Palabra que sigue naciendo allí donde el ser humano se abre a Dios.
«Cuánto rumor en el silencio, noche, cuánta vida en mi muerte,
cuánta sangre en mis venas aún, cuánto calor en estas piedras.
Y mi corazón, como siempre, corre al encuentro de la sombra,
como en la vida.»
La tumba de Antígona. María Zambrano