Explorando el embrujo del mundo intermedio: la imaginación como forma de conocimiento.
Mundus Imaginalis
Sabemos, como lo sabe coloquialmente nuestro lenguaje, que decir «fénix» equivale a decir «resurrección». Pero el lenguaje, a veces, resulta una jaula y algunas aves, entre barrotes, fenecen. El lenguaje no es el lugar adecuado para esta ave; lo es la imagen. Y la imagen que nos la trae es siempre fulgurante, como un cometa o una revelación.
El silencio es un afluente de la voz, quizá su desembocadura. Una vertiente del lenguaje, su vaguada. No se trata de una abstención, no es un decir de la negación. El silencio, escribió un escolástico a principios del siglo XIII, es la palabra detenida en un interior, el sermón que calla dentro (sermo qui intus silet). Su nombre es Robert Grosseteste, franciscano de Stradbroke. Esta clausura del decir, custodiado como la cáscara que guarda la almendra, es el fruto.
El umbral es una metáfora muy poderosa que ha acompañado al ser humano desde épocas prehistóricas. Es el paso entre dos estados: de la vida a la muerte, de lo conocido a lo desconocido, de la seguridad al riesgo, de una etapa vital a otra. Y no es solo una frontera física, sino también simbólica y psicológica. En muchas culturas, cruzar un umbral implica transformación, dejar atrás una identidad y adentrarse en otra realidad, ya sea espiritual, emocional o existencial. Es adentrarse en un «mundo especial» que desafiará nuestros límites y nos permitirá enfrentarnos a desafíos que transformarán nuestro destino.
El claustro monástico es un espacio donde la revelación bíblica, los textos litúrgicos y la regla monástica confieren a la arquitectura una forma y un sentido perfectos para que el monje encuentre en él una imagen-modelo para su situación existencial. Este jardín sagrado, verdadero microcosmos, aparece así como reflejo material del Paraíso perdido y anticipo de la Jerusalén Celestial
Si comprendemos que la mitología es la psicología de la antigüedad, explorar el mito del rapto de Perséfone nos explica un gesto, un momento, una experiencia de profundidad. Lo que resulta incomprensible es el silencio que la mayoría de personas sostienen después de esa experiencia tan significativa y transformadora de sus vidas. Y todos hemos pasado por ello. Todos.
La astrología no es solo un método de predicción: es una práctica filosófica que requiere modos de conocimiento y comprender la realidad diferentes de los habituales. Este artículo recorre tres umbrales: la cosmología arquetipal como visión de la realidad que concibe cosmos y psique como co-expresiones de los mismos principios universales , la epistemología participativa como modo de conocimiento que esa visión exige, y la adivinación como la forma concreta en que ese conocimiento ocurre.
¿Cómo se vive después de haber visto a Dios? A partir del éxtasis de Santa Teresa de Ávila, y en diálogo con Margarita Porete, María Zambrano y Matilde de Magdeburgo, una aproximación a la travesía interior del alma herida de Dios: la que descubre que hacer de la vida una ofrenda es el amor más alto.
Odiseo renuncia a la inmortalidad para cumplir el deseo irrefrenable de regresar a su patria con el propósito de poner fin a la nostalgia que le produce la separación de los suyos. En este contexto emerge el debate entre la vida y la muerte, presente a lo largo de toda la Odisea, que también nos muestra el contraste entre lo civilizado, que se constituye en torno al fuego del hogar, y lo incivilizado, que se manifiesta en los amenazantes retos que le acechan a lo largo de su periplo.
Federico García Lorca encarna un legado incandescente en el que la creación se manifiesta como un acto de alumbramiento que define su propia existencia. A través del duende, entendido como una fuerza telúrica nacida de las entrañas, el poeta granadino desplaza la norma académica y sitúa la experiencia artística en el terreno de la combustión y el sacrificio. Al intentar nombrar lo inefable, transforma su fuego interno en una verdad compartida que desborda la lógica y la forma. Es, en última instancia, el testimonio del misterio como eje de la condición humana.
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