La dejadez, el reposo o el adormecimiento, el abandonarse a un tiempo que parece no tener fin, son disposiciones que no deben ser vistas, únicamente, como algo que pone en riesgo a la razón. Y aunque esto fuese asÃ, se tratarÃa de un riesgo que no podrÃamos dejar de asumir. La vida es inconcebible sin momentos de abandono, si un dejarse arrastrar o sentirse suspendido en el tiempo; sin dejarse envolver, aunque solo sea ocasionalmente, por un flujo que avanza en una única dirección… o hacia ninguna en particular».