Las aceitunas maduran cuando los dÃas menguan y la luz se apaga. Su cosecha no empezará hasta que, tras un dÃa de equilibrio perfecto, la noche le gane el pulso al dÃa, y nos adentremos en la mitad más oscura del año. Es entonces, en plena añoranza de la luz, cuando los olivos nos la ofrecen a ramas llenas: poesÃa hecha fruto… o, mejor dicho, aceite, que ilumina tanto lo cotidiano como lo divino.