Inicio El Mundo OtroHierofanías

Lo sagrado se manifiesta en lo profano como hierofanía, revelando lo invisible en lo visible; haciendo que lo mundano muestre algo distinto de sí mismo. Este texto indaga en este concepto propuesto por Mircea Eliade, en diálogo con la idea del ganz andere, lo «absolutamente otro», de Rudolf Otto.

 

Lo sagrado se manifiesta en lo profano como hierofanía, revelando lo invisible en lo visible; haciendo que lo mundano muestre algo distinto de sí mismo. Este texto indaga en este concepto propuesto por Mircea Eliade, en diálogo con la idea del ganz andere, lo «absolutamente otro», de Rudolf Otto.

«At the still point of the turning world», Burnt Norton, T. S. Eliot

Rayo de luz que atraviesa la vasija de estaño: irrupción del Cielo. Manifestación de lo sagrado en lo profano. La hierofanía es el desgarro en la realidad visible que desvela la presencia superior e inabarcable de lo invisible. Invisible, es decir: indivisible, pues desvela la unidad real de lo dual.  Esa unidad que muestra sus oposiciones como rasgos de una diferencia radical de naturaleza, la de la existencia finita y la de aquello que Rudolf Otto (1869-1937) denominó en Lo santo [Das Heilige, 1917] como das ganz andere: lo absolutamente otro, lo absolutamente heterogéneo.

Mircea Eliade (1907-1986) en Lo sagrado y lo profano (1957) asume el concepto de Otto para explicar la diferencia entre estas dos entidades. Y ya antes, en el Tratado de historia de las religiones (1949) expuso cómo el modo en que tenemos noción de lo sagrado y, por tanto, de esa diferencia radical, es a través de los documentos de los que disponemos. Estos documentos son las hierofanías, neologismo formulado por el propio Eliade y que designa esa presencia de lo trascendente en lo cotidiano, de lo sagrado en lo profano, de lo invisible en lo visible.

En un sentido estrictamente etimológico, «hierofanía», significa «manifestación sagrada», resultado de la composición de los vocablos griegos hierós (sagrado) y phaínein (manifestarse, hacerse visible). Hierofanía: lo sagrado que se hace visible en lo profano, algo sagrado que se nos muestra y que conocemos porque se manifiesta, pues el hombre, entra en conocimiento de lo sagrado, dice Eliade, porque se muestra como algo diferente por completo de lo profano, a través de, en la hierofanía; en los objetos y espacios que han dado origen y sentido a las religiones, así como en los símbolos, mitos y ritos. Pero no solo en tanto que objetos sino en tanto que ocasión para la vivencia, como forma o fórmula de operatividad en la que se expresa.

Hierofanía: la revelación del Ser que se precipita en los vértices abiertos de la existencia. Desgarro del horizonte en el batimiento de las alas del ángel en su elevación. Líneas deshaciéndose hacia el punto del origen en su lúcida nostalgia del absoluto. Dualidad que muestra lo mortal de su condición separada; pronunciamiento liminal del blanco que descompone las tonalidades, los colores y las formas. Toda palabra que deshace su sentido estático para ser poema, pues es la poesía el lenguaje de la hierofanía, en la cara infinita que devuelve la palabra al límite de su estratificación natal. Hierofanía: la verdadera iniciación; bautizo de lo sagrado sin mediación. Atravesamiento salvaje de las fuerzas. Asalto del abismo sin forma, del Ungrund de Jakob Böhme.

*

«La luz llama a todas las fuerzas a transformaciones innumerables».

Himnos a la noche, Novalis

El de hierofanía es un concepto que implica multiplicidad, variedad, por lo que es necesariamente plural, ya que cada uno de estos documentos revela una modalidad de lo sagrado. La heterogeneidad es condición de la naturaleza de la hierofanía, en su expresión y en su vivencia; una heterogeneidad que no supone una contradicción, ya que rito, mito, cosmogonía, dios u objeto, todo ello manifiesta la misma luz. Un elemento corriente de pronto se transforma en pronunciamiento divino, como sucede con la zarza ardiente de Moisés en la Biblia, con la piedra negra de la Kaaba o en el crómlech de Stonehenge cuando la luz solar atraviesa los espacios de las piedras.

Este es el rasgo esencial de la hierofanía: la capacidad de revelar algo distinto de sí mismo: «un objeto se convierte en sagrado en la medida en que incorpora (es decir, revela) algo distinto de él mismo», explica Eliade. Opera entonces una ruptura de nivel ontológico a través de la hierofanía, pues si bien la naturaleza de lo sagrado es cualitativamente distinta de la de lo profano, esta puede manifestarse en cualquier forma y lugar del mundo profano, transformando todo objeto. Esa luz de transformaciones innumerables que transforma una flor o un grano de arena en precipicios de eternidad, aludiendo a los versos de William Blake en su poema Auguries of inocence: «To see a world in a grain of sand / And a heaven in a wild flower, / Hold infinity in the palm of your hand / And eternity in an hour».

*

«Un Dios que comprendemos no es Dios».

Tersteegen citado por R. Otto

Podría plantearse una paradoja, y es que, si lo sagrado y lo profano son realidades ontológicas distintas, concebir que lo sagrado se revela en lo profano como hierofanía hace de este un concepto que refleja una incongruencia. Pero lo fundamental de la hierofanía es la revelación de ese absolutamente otro; la ruptura de todos los niveles de espacio y tiempo, abriendo la conciencia del sujeto (finito, profano) al abismo de una realidad otra (eterna, infinita, absoluta). Y esa revelación se da en tanto que el sujeto la experimenta, es decir, no supone una limitación de lo sagrado, lo que es inconcebible, sino una participación de lo profano en esa naturaleza otra; una suerte de apertura, un desgarro en lo profano que le da «acceso», al constatar su propia carencia, a la infinitud.

Rudolf Otto propone el concepto de lo numinoso como experiencia de eso absolutamente otro; experiencia que arroja al «sentimiento de criatura» como «reflejo de lo numinoso en el sentimiento de sí propio». Esta idea de lo numinoso, de la que parte parcialmente Eliade para explicar la hierofanía, hay que considerarla a la luz del a priori kantiano. Es el mismo Otto quien, haciendo referencia a la introducción de la Crítica de la razón pura, afirma que lo numinoso no es un conocimiento empírico, sino un elemento puro y a priori del conocimiento; una especie que está en la facultad de la mente humana y que, «irrumpe en la base cognoscitiva más honda del alma, pero no antes de poseer datos y experiencias cósmicas y sensibles, sino en estas y entre estas». La noción de Eliade de hierofanía como manifestación de lo sagrado en lo profano, solo factible a través del documento, es muy próxima a esta idea.

En todo caso, esta suerte de predisposición a lo sagrado, a aquello que, según Otto, «independientemente de toda percepción, está predispuesto en la razón pura, en el mismo espíritu, como su disposición más primigenia» supone que hay una capacidad en el ser humano de proximidad a la divinidad, a lo que hemos llamado divino. De modo que la hierofanía vendría a permitir o completar la realización de aquello que está inscrito en el corazón del hombre.

No hay que olvidar que en el pensamiento mítico de las culturas primitivas la hierofanía estaba integrada en la vida; con el cambio de paradigma que representa Platón (aunque discutible), al menos en la sociedad occidental, se produce una ruptura con ese pensamiento y un cambio en el carácter y presencia de lo sagrado en la vida, como analiza María Zambrano en El hombre y lo divino (1955). Es ese pensamiento primitivo, sobre todo, el que estudia Eliade cuando desglosa los tipos de hierofanías. La modernidad, sin embargo, supone una experiencia subjetiva de lo sagrado, y es esa experiencia psicológica (mejor: anímica) del sujeto la que estudia Rudolf Otto. Esta diferencia estructural de la psique en su relación con lo sagrado permite comprender la diferencia entre la propuesta de Otto y el estudio comparativo del fenómeno de la hierofanía de Eliade.

*

«Éntreme donde no supe y quédeme no sabiendo

Toda ciencia trascendiendo».

San Juan de la Cruz

La formulación teórica nada puede decir de la hierofanía, pues la palabra humana no basta para abarcar la irrupción de lo sagrado; la intuición, la presencia por ausencia de lo absolutamente otro. Lo finito no puede comprender lo infinito; lo profano no puede abarcar lo sagrado, por eso su expresión se da como hierofanía. Y es la vivencia la que lleva a la comprensión. Lo sagrado, lo absoluto: la abismal e intangible doblez que precede a todo lo existente y que pervive y persiste en lo visible. El eco de la piedra, anterior a la piedra; la primitivísima fuerza anterior al agua y a los elementos. Aquello a lo que solo podemos aspirar por vía de la metáfora, del símbolo y de la poesía. Hierofanía: pronunciamiento primordial que dota a los seres finitos de conciencia de existencia y finitud. Eternidad que se pronuncia en el punto inmóvil del mundo: «At the still point of the turning world / Neither flesh nor fleshless; / Neither from nor towards; /At the still point, there the dance is» (Burnt Norton, T.S. Eliot). En el punto inmóvil del mundo, en el punto inmóvil, allí está la danza.

También te puede gustar

Dejar un Comentario