Los textos apócrifos del primer cristianismo son un conjunto de textos que fueron considerados por la jerarquía eclesiástica como no inspirados por la divinidad. Aun así, circularon con cierta normalidad entre las primeras comunidades de cristianos. Formulaban y respondían preguntas sobre cuestiones importantes. Además, eran narraciones «provechosas para el alma».
¿Es necesario despojarnos de lo material para acariciar lo sagrado? ¿Vaciarnos de toda humedad para retornar a la sequedad de lo Eterno? El antro de las Náyades, bajo la visión de Porfirio, Blake y Raine, nos sugiere que la materia y lo celeste no solo coexisten, sino que se nutren mutuamente, alzando nuestra humana danza.
A partir del De Amore de Marsilio Ficino (1433-1499) —comentario al Banquete de Platón escrito en el corazón del Renacimiento florentino—, este artículo explora rincones inhabitados de la práctica astrológica: la doctrina del furor divino, el eros cósmico y las dos formas de Venus. Una defensa del amor como la forma más alta de conocimiento, cuya condición es la unión a aquello que se pretende conocer.
En una sociedad donde la atención es desplazada por la velocidad del consumo y el culto al yo, donde las necesidades del alma quedan relegadas, la atención se convierte en el acto más radical de amor hacia el Otro. Como ya nos adelantó Simone Weil: «La atención es la forma más rara y pura de generosidad.»
Hay muchas formas de recorrer el Camino de Santiago. Algunos caminan por aventura, otros por historia, otros por duelo o por sanación. Otros sienten un impulso innombrable que les llama a avanzar. Mi propia llamada fue la de algún tipo de guía que me condujera hacia la iluminación. Sin embargo, nunca encontré a ese ser iluminado; encontré, en cambio, muchas luces que guiaban, y sobre todo me encontré a mí mismo y a mi propio sentido de propósito.