Escribió Luis Cernuda que a Hölderlin debemos «una obra lírica inmortal». Una hermosa singularidad; una «distinta hermosura» dentro de la tradición romántica de la poesía alemana. En 1935, el poeta español publicó por primera vez en la revista Cruz y Raya una versión de sus poemas preferidos de Hölderlin, una lectura que nos devuelve, en el juego de espejos que se produce en la traducción, el rostro de aquel que compondría el imperecedero La Realidad y el Deseo. Según Octavio Paz, cuando Cernuda se alistó en 1936 en las milicias populares, «se fue a la sierra de Guadarrama con un fusil y un tomo de Hölderlin en la chaqueta». De esta versión y encuentro celeste nacen los poemas aquí seleccionados; una muestra del diálogo visible que surge cuando voces hermanadas en la Belleza se hallan desde la palabra — ya había dicho Hölderlin: «lo que permanece lo fundan los poetas».
«Tierra nativa»
Vuelve el marinero alegremente hacia el tranquilo río
desde lejanas islas donde provecho obtuvo.
También yo volver quiero a la tierra nativa,
Pero ¿qué he conseguido si no son sufrimientos?
Benignas riberas, vosotras por quienes fui formado,
¿podéis calmar las penas del amor? ¡Ay!
¿O devolverme vosotros, bosques de mi infancia,
cuando retorne, mi tranquilidad nuevamente?
*

«Poemas». Introducción y versión de Luis Cernuda [Ed. bilingüe]. Visor.
«Fantasía del atardecer»
Ante su choza en sombra tranquilo está sentado
el labrador, mientras arde la lumbre de hombre parco.
Hospitalariamente resuena al caminante
crepuscular campana por la aldea apacible.
También acaso vuelven los marinos al puerto
y en lejanas ciudades deja alegre al mercado
su rumor afanoso; bajo emparrado en calma
íntima brilla la colación de los amigos.
Mas yo, ¿hacia dónde he de ir? Viven los mortales
de premios y trabajos; tras fatiga y descanso
alegre todo está. ¿Por qué nunca se duerme
en este pecho mío la zozobra?
Por el cielo crepuscular la primavera abre;
rosas innúmeras florecen; quieto semeja
el mundo áureo. Oh, llevadme hacia allá,
purpúreas nubes, y que allá arriba
en aire y luz se aneguen mi amor y sufrimiento.
Pero como ahuyentado por inútil pregunta
el encanto se va. La noche cae. Y solitario
bajo el cielo, como siempre, estoy yo.
Ven ahora tú, dulce sopor. Anhela demasiado
el corazón; mas ahora ya, oh juventud,
también vas apagándote, soñolienta, intranquila.
Quieta y apacible es entonces la vejez.
*
«El invierno»
Cuando sin ser vistas pasaron las estampas
Del tiempo, viene la estancia del invierno;
vacío el campo, semeja la apariencia más suave,
huracanes soplan en torno y turbiones de lluvia.
Como un día de reposo, tal es el fin del año,
Como el son de una pregunta; para que sea aquel perfecto
entonces surge la nueva inminencia de la primavera;
así brilla con su fausto la naturaleza en la tierra.

Fotografía de Luis Cernuda
*
«La primavera»
Olvida el hombre las penas del espíritu
que la primavera florece y hay brillo casi en todo;
el verde campo soberbiamente está extendido,
esplende ya el arroyo deslizándose abajo.
Erguidos van los montes cubiertos por los árboles
y es magnífico el aire en espacios abiertos;
el ancho valle está dilatado en el mundo
y torre y ladera en las colinas se reclinan.
*
«El cementerio»
Silencios lugar verdeante de hierba joven,
donde yace hombre y mujer y se yerguen las cruces,
adonde van acompañados los amigos,
donde fulguran en claro vidrio las ventanas.
Cuando en ti fulge la alta llama del cielo
a mediodía, cuando la primavera te frecuenta y se demora
y va la espiritual nube húmeda y gris,
con hermosura el día escapa dulcemente.
Qué tranquilidad hay cerca del muro grisáceo
encima del cual pende un árbol con frutos:
negror mojado de rocío, follaje todo duelo;
pero los frutos son densos preciosamente.
Hay en la iglesia una tranquilidad oscura
y también el altar en esa noche se recoge;
aún allá quedan varias cosas hermosas,
mas en verano canta alguna cigarra en el campo.
Allí, cuando las oraciones del pastor se escuchan
en tanto al lado está el grupo de amigos
que con el muerto van, qué vida singular
y qué espíritu, devotamente descuidado.
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Todos los poemas están extraídos de Hölderlin, F. (2005). Poemas. Introducción y versión de Luis Cernuda [Ed. bilingüe]. Visor.