amor
A partir del De Amore de Marsilio Ficino (1433-1499) —comentario al Banquete de Platón escrito en el corazón del Renacimiento florentino—, este artículo explora rincones inhabitados de la práctica astrológica: la doctrina del furor divino, el eros cósmico y las dos formas de Venus. Una defensa del amor como la forma más alta de conocimiento, cuya condición es la unión a aquello que se pretende conocer.
Las beguinas fueron unas mujeres libres que, desde el final de la Edad Media, amando, conociendo y sirviendo, dieron un hermoso testimonio de amor con sencillez, valentía y entrega.
El Cantar de los cantares y el Cántico espiritual llevan siglos mostrando la ventura de la poesía cuando, aun en su misma imposibilidad, ha tratado de decir el amor. Amor humano o amor divino, las liras aquí recogidas muestran cómo la poesía sigue siendo la mejor aliada: veladora infinita de un amor que nos desborda.
Creemos que es suficiente con tener un plato de comida, pero ignoramos las consecuencias de no desear comerlo. Como nos adelantó San Agustín en sus Confesiones: «El placer de comer y beber no existe en absoluto a menos que le preceda la molestia del hambre y la sed».
¿Por qué hacernos la pregunta trágica «¿quién soy yo?»? ¿Quién puede encarnarse, dar respuesta, empuñar el Yo? Hosannas y bienaventuranzas para narrar el agujero, para adentrarse en el subsuelo y forzar el nacimiento de una flor, hacer volcar la palabra soterrada. Clarice Lispector, en precariedad y plegaria, quemando todos los noes, y sellando, en la práctica ritual de la escritura, la primera y última delicia: el Sí.
Louis Cattiaux encarna el pez filosófico que nada en aguas profundas y nos pone en contacto con la Inspiración Universal. Su Voz y su Obra, visionaria, profética, alquímica, nos invita a desvelar, despertar y reconocer a la Presencia Divina en el cosmos y en nosotros mismos. Su Mensaje se dirige a la Inteligencia y la Memoria Profunda del ser humano y propicia el encuentro del ser particular con el Ser de todas las cosas. En su Corazón se puede hallar la Fuente y el Núcleo Vivo de todas las tradiciones religiosas. Cattiaux enseña la renovación y el reverdecer del Cuerpo, el Alma y el Espíritu a través del Fuego Sagrado, secreto y muy evidente. «¿Quién puede diferenciar el fuego del fuego? ¿Quién puede manifestar, encarnar el sol en la estrella de la mañana nacida de la tierra tenebrosa? (18′, I)»