San Juan Evangelista tuvo la capacidad de mirar más allá del tiempo. Contempló la realidad desde una perspectiva que no pertenece al tiempo humano, sino a la eternidad de Dios. La iconografÃa cristiana lo representa con un águila: el ave que vuela más alto y cuya mirada alcanza un horizonte inaccesible. Desde esa altura contemplativa escribe el Evangelio y el Apocalipsis. El primero comienza antes de que exista el mundo; el segundo concluye cuando el tiempo ha dejado de existir.